Las cámaras que revelan la fauna de la Sierra Nevada de Santa Marta

Mientras gran parte de la fauna de la Sierra Nevada de Santa Marta permanece oculta entre los bosques, un sistema de cámaras trampa registra silenciosamente el paso de algunas de las especies más importantes para el equilibrio de este ecosistema. Guaguas, ñeques, armadillos y aves amenazadas como el paujil de pico azul han sido captados por el proyecto Bosques Sagrados, una iniciativa liderada por ASOARHUACO y Sacred Forests que demuestra cómo la conservación y el conocimiento ancestral pueden trabajar de la mano.

Desde 2025, las cámaras instaladas en los bosques de Seynurwa, Durankwa y Duanawimaku, en la cuenca del río Aracataca, han permitido documentar la presencia de especies silvestres y recopilar información sobre sus hábitos y su papel dentro de los ecosistemas. Cada registro aporta evidencia sobre el estado de conservación de uno de los territorios más biodiversos de Colombia.

Entre los hallazgos más destacados se encuentra la presencia constante de la guagua o lapa (Cuniculus paca), una especie fundamental para la dispersión de semillas y la regeneración natural de los bosques. También se han registrado ñeques, armadillos de nueve bandas y zarigüeyas, animales que contribuyen a la salud del suelo, el control biológico y el mantenimiento de los ciclos naturales.

Uno de los resultados más relevantes del monitoreo ha sido el registro del paujil de pico azul (Crax alberti), una de las aves más amenazadas del país. Esta especie necesita amplias extensiones de bosque para sobrevivir y suele desaparecer rápidamente en zonas afectadas por la deforestación. Su presencia en los bosques monitoreados es una señal positiva sobre la integridad ecológica de estos territorios.

Los registros también confirman la importancia de la Sierra Nevada como refugio para especies emblemáticas y corredores biológicos asociados al jaguar, la danta y otras especies que dependen de ecosistemas conectados y saludables.

Más allá de la tecnología utilizada para el monitoreo, Bosques Sagrados es una apuesta por fortalecer la relación entre las comunidades indígenas y su territorio. El proyecto ha contribuido a la siembra y conservación de más de nueve millones de árboles, la recuperación de 11.030 hectáreas y el fortalecimiento de 39 comunidades indígenas en Magdalena, La Guajira y Cesar.

Cada imagen captada por las cámaras trampa cuenta una historia de conservación. Una historia que demuestra que proteger la biodiversidad también significa proteger el agua, los bosques y el legado cultural de quienes han sido sus guardianes desde tiempos ancestrales.

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